Mi madre se llamaba Cecilia y ahora sólo nos queda su recuerdo

¿Cómo decirle adiós a alguien que no debía irse? ¿Cómo despedirse de alguien que quería quedarse contigo un tiempito más? ¿Cómo negarle a un hijo despedirse de una madre? ¿Cómo asumir que un ser amado se ha ido sin desearlo y sin poder despedirse de los suyos?


Son demasiados interrogantes sin respuesta de consuelo posible.
Intentan darnos una respuesta como premio de consolación: - La situación actual de pandemia tiene unos efectos colaterales y te ha tocado a ti como a otras muchas familias, que se han visto obligadas a entender la palabra despedida sin adiós.


Mi madre se ha marchado amordazada, secuestrada por un virus que junto a otras madres, padres, abuelos, hijos y seres queridos han desaparecido sin oportunidad de rescate alguno.


Mi madre se llama Cecilia, tiene un marido, tres hijos y dos preciosos nietos que crecerán con un recuerdo por abuela.
Mi madre no es sólo una cifra que decora una estadística junto a otras cifras que, con nombre y apellidos, se disputan los gobiernos para ver qué listado disminuye o aumenta con un objetivo ideológico.


A muchísimas personas, esta pandemia a la que sí se alude por su nombre Covid 19, les ha arrebatado sus sueños, parte de su futuro y lo más doloroso a alguno de sus seres más queridos, que se han ido de este mundo de la forma más miserable: en soledad y en el anonimato.


Toda esta situación irá normalizándose o quizá no pero las secuelas y cicatrices que habrá repartido no se cerrarán con el tiempo porque son demasiado profundas y están infectadas por un veneno aún más letal que el propio virus, están impregnadas por la impotencia, la rabia, la duda y la necesidad imperiosa de resarcir a todos los que, como mi madre, han partido sin el equipaje esencial: las palabras “buen viaje” de los labios de los que les han amado y deseaban simplemente decirles adiós y darles un beso o estrechar sus manos para que esa ruta sin retorno les diera la seguridad que te da ver los ojos de los tuyos al volver la vista atrás por última vez.


Mi madre se llamaba Cecilia y ahora sólo nos queda su recuerdo.
En memoria de todas aquellas personas que han emprendido este viaje de la mano de la soledad.


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