Doctora Sara Bravo, 28 años

Las últimas palabras que la doctora Sara Bravo, de solo 28 años, dirigió a su madre fueron a través de una tableta: “Mamá, tengo miedo de morirme”.

La médica, que pasaba consulta en el centro de salud de Mota del Cuervo (Cuenca), había ingresado el día 19 en el hospital de Alcázar de San Juan (Ciudad Real).

Su prima Anabel Fernández cuenta que padecía asma, pero que apenas le molestaba ni requería un inhalador. “Era muy efusiva”, describe, “siempre estaba con la sonrisa en la boca.

Gracias a la constancia logró conseguir su gran ilusión, una plaza en el centro de salud, a media hora de Alcázar, donde hasta hace poco había vivido con su madre”.

La joven médica sospechaba que se contagió tras una guardia en sustitución de un amigo que le había pedido el favor: “Nunca se negaba a esas cosas”. Ese día atendió a unos pacientes con Covid-19 y al poco notó los síntomas: “Sentía como un yunque en el pecho, se empezó a sentir muy mal”. Así estuvo nueve días.

El sábado 28 de marzo, los familiares de la joven doctora hablaron con un facultativo que les dijo que, “salvo un milagro”, la siguiente llamada sería para comunicar su fallecimiento. “Y así fue”, se lamenta su prima, “es la soledad de los pacientes, es horrible, sin el abrazo de una madre a su hija, sin poder decirle te quiero…”.

Fuente: El Pais

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